Mis padres me querían, pero…

Si tus padres te alimentaron, te vistieron, te dieron un techo, aseguraron tu educación y te quisieron ¿qué más se les puede pedir?
Raquel Rús
Raquel Rús
Sexóloga, terapeuta de pareja y Profesora Acreditada por la International Enneagram Association. Autora del libro "Comunicación consciente".

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Los últimos estudios científicos nos dicen que hay más, y que es importante.

En la consulta y en las formaciones cuando hablamos de la infancia todos tenemos una doble tendencia, por una parte defender lo que hicieron nuestros padres y por otra la sensación interna de que algo falló.

Sobre todo en casos donde no hay maltrato físico o verbal nos cuesta ver que, incluso así, pudimos no tener suficiente, nos pudo faltar algo que desesperadamente necesitábamos. La pregunta que no podemos responder es ¿qué faltó?

Me costó años entender que la carencia principal fue una sociedad donde se respetasen y cuidasen los derechos básicos de los más pequeños.

No hablo de nimiedades, hablo de que los últimos estudios nos dicen que estamos alejados de nuestra naturaleza más básica, y cuanto más lejos peor nos encontramos. Más tristes, más enfermos, más ansiosos, más enfadados…

Llevo años profundizando sobre el tema, primero para colocar mi propia historia y, naturalmente, para ayudar a dar sentido a las de mis alumnos y clientes.

He hecho un pequeño resumen basado en dos autores que me parecen maravillosos, Gabor Maté y Darcia Narvaez, para que veas lo que necesitaste y no tuviste. Porque la sensación de vacío, de abandono, de rabia, de tristeza, de inadecuación, de falta de valor, de desamparo que muchos tenemos tiene un sentido y no es ninguna tontería.

Escribo esto para que la próxima vez que te digas “mis padres me querían, pero algo está mal en mí” sepas que no eres tú, que es un problema social. Y, para cambiarlo, primero tenemos que conocerlo.

Esto es lo que según los expertos y las últimas investigaciones científicas necesitaste recibir en tu infancia, no por capricho, porque es lo que tu cerebro, tu sistema inmune, tu sistema nervioso y todo tu ser necesitaban:

      • Nacimiento respetado y a término: sin violencia obstétrica, sin intervenciones no necesarias. Con piel con piel, con una bienvenida empática, con tranquilidad, con respeto por mi madre y por mí.

      • Lactancia por varios años, porque es más que alimento físico, es encuentro y conexión.

      • Infancia sin castigos, sin dolor, sin violencia, sin gritos.

      • Recibir el mismo respeto que se da a los adultos, no ser menos que ellos.

      • Contacto físico positivo casi constante, donde nunca sienta que me faltan unos brazos para ayudarme, guiarme y consolarme.

      • Que mis cuidadores primarios tengan ayuda, el sostén necesario para poder criarme. Esto se refiere tanto a la familia como a la sociedad en general (leyes para la conciliación y ayudas económicas al respecto).

      • Cero tolerancia al llanto: adultos que comprendan que si lloro es porque necesito algo, que me atiendan inmediatamente, que entiendan que estoy pidiendo ayuda y que si no lo hacen mi estrés subirá y las hormonas del estrés irán a mi cerebro en formación afectándole al desarrollo.

      • Tener cuidadores que acogen mis emociones sin juzgarlas, que me ayudan a procesarlas, que se saben regular a sí mismos y me enseñan a hacer lo mismo.

      • Tanta autonomía como mi edad me permita. Que me impulsen a hacer las cosas por mí, a probar, a equivocarme, a jugar, a aprender y, mientras, saber que si algo falla me sostienen.

      • Ser parte de las actividades de los adultos.

      • Oportunidades para desarrollarme sensorial, intelectual y espiritualmente.

      • Tener un grupo de adultos que miran por mí, una red de apegos seguros que me cuida, me protege, me acompaña en mi aprendizaje.

      • Contacto con la naturaleza de la que soy parte.

    Dudo que hayas disfrutado ni siquiera de la mitad de la lista, yo tampoco. ¿Es culpa de tus padres? Resulta que no. Es el resultado de una sociedad donde la vida y el bienestar no son la prioridad. Negamos a los bebés sus necesidades básicas para mantener el sistema.

    Para que los padres se conozcan a sí mismos, aprendan a regularse y a amarse, a nivel global habría que cambiar las condiciones laborales, sanitarias, económicas, educacionales… Habría que cambiarlo todo.

    La buena noticia es que la sociedad está formada por personas, y cuantas más vayamos siendo conscientes del origen de nuestro dolor interno más sencillo será un cambio global.

    Al saberlo puedes hacer algo. Y no, no es fácil, implica un esfuerzo económico, emocional y físico. Toca hacer muchos cambios incómodos, sentir que vas a contracorriente y cansarte mucho.

    Lo que pasa es que en el camino de las pequeñas conquistas internas vas sintiéndote mejor. Te vas alineando poco a poco con tu verdadera naturaleza y eso hace que te permitas cuidarte, hacer cambios dramáticos y necesarios, poner límites, conectarte con tu interior, abrirte a los demás.

    Todo esto yo lo hago usando el eneagrama, la técnica de liberación emocional, la sexología, el autoconocimiento y la espiritualidad.

    Haz tu camino de vuelta a tu ser esencial como te vibre por dentro, lo importante es hacerlo porque es bueno para ti y para todos. Porque cada persona algo más conectada consigo ayuda a construir la sociedad que necesitamos, esa que es nuestro derecho, esa que honra nuestra verdadera naturaleza.

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    4 comentarios en “Mis padres me querían, pero…”

      1. Gracias a ti por tu comentario. Es muy fácil echarnos la culpa de todo como individuos, como si no estuviéramos dentro de algo más grande. Lo difícil es que a cada una de nosotras nos toca hacer cambios para ir sumando a ese cambio colectivo que buscamos (porque de los gobiernos no parece que vayan a llegar…).

        1. Repetimos patrones aprendidos por nuestros padres, familia.Deje llorar a mis hijos hasta que se dormian,de cansados, era lo que me decían que era correcto. Que triste. Les pido perdón por todos mis herrores , es lo que sabía hacer.

          1. Gracias por compartir algo tan duro. Siempre lo digo: las madres hacen lo mejor que saben con la mejor intención. La pena es la desconexión de tantas mujeres de lo que les dice su instinto, que nos fiamos más de lo que nos dicen fuera, que de lo que sentimos dentro. Esa es la reconexión que todas tenemos que hacer. Que tú lo veas y reconozcas que no fue correcto quiero que sepas que es liberador para ti y para tus hijos <3

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