Cuando el amor pesa

Una cosa es amar a otra persona, otra necesitarla. Podemos creer que no podemos vivir si ese ser no está en nuestra vida, si se va, si muere, si no le gustamos… Eso pesa mucho.
Raquel Rús
Raquel Rús
Sexóloga, terapeuta de pareja y Profesora Acreditada por la International Enneagram Association. Autora del libro "Comunicación consciente".

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El amor es una cosa, el apego insano es otra muy diferente. El amor nos hace sentirnos personas ligeras, libres, plenas, expansivas, flexibles, abiertas, sostenidas, seguras… En cambio el apego insano está relacionado con la necesidad patológica de otra persona, que puede ser nuestra pareja, nuestros padres o nuestros hijos (son los ejemplos más habituales).

Al tener este apego tenemos miedo si esa persona no está, hay un malestar físico, como si algo nos faltara. De hecho, como si nos faltara el aire, como una sed imposible de saciar. Lógicamente, hacemos lo que sea para no sentir ese malestar: manipulamos, chantajeamos, nos hacemos la víctima, buscamos que el otro se sienta culpable, amenazamos, nos alejamos con dignidad o tenemos muchos otros comportamientos que no suelen ser buenos para nuestras relaciones.

En el corto plazo puede que logremos lo que deseamos, en el largo estamos estropeando la relación. Si las dos personas son dependientes y su autoestima no es alta, pueden ser relaciones que duren muchos años, e incluso toda la vida. Pero en el momento que una de las dos personas se conozca más a sí misma, su valoración suba o su seguridad personal mejore va a intentar romper ese vínculo insano (o, al menos, transformarlo).

Este apego se suele manifestar en frases de este tipo:

  • Te quiero mas que a mi vida
  • Yo sin ti me muero
  • Eres lo más importante de mi vida
  • No sé vivir sin ti
  • Eres mi felicidad
  • Para mí lo eres todo

¿De verdad esto es amor o es una losa? Cuando dices o te dicen frases como estas no hay libertad ni ligereza. Hay expectativas impuestas que dañan. El amor no debería de pesar, de sentirse como una obligación o de conectarnos con la culpa cuando no cumplimos los deseos de los que otras personas nos han hecho responsables sin preguntar.

Cuando dices esas frases lo haces desde (pueden ser una o varias razones):

  • El miedo a la soledad
  • La falta de valoración interna
  • El intento de lograr que te amen como necesitas (aunque tú no te quieras nada)
  • La sensación de justicia donde esperas que te devuelvan lo que das (en lugar de darlo libremente)
  • Una adicción a ser importante para otras personas (como si eso te diera valor)
  • La necesidad de ser vista y amada no satisfecha en la infancia y que recae sobre alguien que no son tus padres

En general lo que hacemos es pedir a otra persona que nos ame, nos vea, nos acepte, nos cuide y nos necesite para no tener que hacerlo nosotras, para no mirar dentro, para no hacernos responsables de nuestro mundo emocional. Al hacerlo echamos el peso de nuestra felicidad en el otro, que entonces no puede ocuparse de la suya propia porque exigimos que nos priorice.

Ahí es cuando el “amor” daña, nos hace pequeños, nos confunde, nos genera culpa.

¿Cómo se siente esa persona a la que hacemos el centro de nuestra vida? Habitualmente hay una mezcla de emociones ya que es bonito sentirse importante para alguien, pero al tiempo hay un rechazo, una sensación de invasión. Nos sentimos atrapadas entre nuestras necesidades y el intentar no hacer daño a la otra persona que nos pide tanto. Sentimos culpa cuando no podemos satisfacer las demandas, algo que habitualmente nos hacen saber con frases como:

  • Si yo te importara más lo harías
  • No te preocupes por mí, nadie lo hace
  • Yo por ti lo haría, ya veo que tú no
  • Es lo mínimo que deberías de hacer por mí
  • Me parece increíble tener que pedirte esto, debería de salir de ti
  • Cómo me hace sufrir que seas así

Nuestras relaciones tienen un campo grande de mejora. En general no son sanas ni equilibradas. Por eso es tan importante mirar en nuestro interior. Para amarnos, para respetarnos, para cuidarnos, para comprendernos. Amamos al otro de la forma y en la medida que somos capaces de amarnos a nosotras mismas.

Si estás cargando con tu felicidad a otra persona quiero que sepas que nada externo llenará tu vacío jamás, es como si tuvieras dentro un agujero negro que nunca tendrá suficiente. La única solución es que lo rellenes tú, que te conozcas y aprendas a amarte de verdad.

Si estás cargando con la felicidad de alguien, lo siento pero no es tu responsabilidad. Y digo lo siento porque duele poner límites a alguien que queremos, pero es tu obligación priorizarte. En las relaciones debe de haber un dar y un recibir, y esto debe de ocurrir de manera sana y libre.

Por cada relación en la que sustituimos un apego insano por un amor donde cada persona cuida de sí misma y ofrece sus dones por la mera satisfacción de hacerlo estamos abriendo el camino a todas las personas que vengan detrás en nuestra familia y en el mundo. Te animo de corazón a hacerlo por duro que pueda ser en la mayoría de las ocasiones.

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1 comentario en “Cuando el amor pesa”

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